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Cómo evitar sentirme perdida

Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo

Julio Cartázar

Hace unos años empecé a sentirme perdida, se suponía que había hecho todo lo que debía para tener “una vida plena” pero mi vida no se parecía en nada a la plenitud. No sabía realmente quién era y hacía dónde ir para sentirme en bienestar. 

Tras construir la vida que siempre había soñado y ver que no me sentía como pensé, comencé a atravesar una crisis de identidad. Me sentía vacía, triste, todo se veía gris y estaba paralizada de miedo.  

Preguntas iban y venían, formaban una especie de torbellino en mi cabeza que no paraba:  ¿quién soy? ¿qué quiero para mí? ¿cuál es el propósito de mi vida? ¿qué sentido tiene mi vida? ¿y, ahora qué hago? eran algunas de las preguntas que me hacía. 

¿Qué significa sentirme perdida?

Esta pregunta fue clave para empezar el camino hacia el encuentro con mi voz, cuando me la hice me costó mucho responder, era una sensación que no era capaz de verbalizar.

Sabía que tenía que ver con no saber quién era, me veía a mí misma a través de los juicios que los demás -padres, hermanos, pareja, amigos- hacían de mí. Me buscaba y no me encontraba.

No quería seguir sintiéndome así, era realmente desgastante. Nada me hacía feliz, el vacío que tenía dentro era realmente insaciable, hacía, hacía y hacía cada vez más cosas para intentar llenarlo, sin embargo, solo lograba sentirme peor.

Al no saber quién era me prengunté ¿quién no quiero ser? Y así fue que me respondí que no quería ser alguien que se rinde, alguien que vive sin propósito y que no se siente feliz.

 ¿Qué hice para encontrarme?

Hice lo que juzgaba correcto, empecé a ir al psicólogo, a leer libros sobre crecimiento personal y motivada por conseguir mi bienestar empecé mi formación como coach ontológico. Todo esto me ayudó a ir haciendo el camino hacia mí.

Recuerdo que cuando comencé el programa de formación para coach dije que estaba ahí porque me sentía perdida y me quería encontrar conmigo misma. Me entregué por completo desde el día uno, hice un trabajo de introspección profundo, vi muchas cosas realmente dolorosas que necesitaban ser sanadas, entonces empecé a SER.

El Reto

A un día de finalizar el programa hice un ejercicio que marcó un antes y un después en mi vida. Ya hace casi 4 años de eso y aún así cuando lo recuerdo siento la energía correr por mi cuerpo.

Estábamos todos los participantes reunidos haciendo una serie de ejercicio para fortalecer los procesos trabajados, todo estaba bien hasta que se acercó a mí uno de los coach y me dijo: “Sarah, quiero invitarte a hacer un ejercicio que considero puede ayudarte en tu proceso”. Sentí pánico, no entendía por qué pensaban que me hacía falta hacer el ejercicio si yo ya me sentía muchísimo mejor.

Estaba rodeada de personas de confianza y en un espacio protegido decir que no era absurdo, así que llena de un miedo indescriptible lo acepté. Fui al centro del salón y mi querido Coach Jesús Berroterán empezó a guiarme para realizar el ejercicio, tenía que decir “Yo Soy Sarah”  con fuerza, con los brazos abiertos y mirando hacia arriba.

Parecía sencillo, pero la verdad es que no me salía la voz, quería llorar, sentí náuseas, pánico, y pensaba que no lo iba a lograr. Pero ahí estaba Jesús conmigo y me decía “con fuerza Sarah, tú puedes”, así que seguí diciendo “yo soy Sarah, yo soy Sarah” hasta que por fin salió de lo más profundo de mi ser con una fuerza increíble esa voz que había estado perdida y dije: ¡YO SOY SARAH!

Sin duda no se equivocaron, necesitaba hacer el ejercicio. El miedo se desvaneció, la fuerza se apoderó de mí, tenía ganas de llorar del gozo que me daba no sentirme perdida, estaba conmigo, había encontrado lo que tanto estaba buscando, mi voz, mi fuerza interior, todo tuvo un sentido distinto.

¿Qué pasó cuando encontré mi voz?

Aquí te comparto tan sólo alguna de las cosas que considero más importantes:  

  • Aprendí que antes de “hacer” tenía que SER.
  • Aprendí que las cosas son perfectas tal y como suceden.
  • Aprendí que el vacío no se llenaba con cosas externas y materiales. 
  • Aprendí que para encontrar mi propósito de vida tenía que encontrar mi voz.
  • Aprendí que era necesario transitar el camino del autoconocimiento.

La solución la podemos dividir en dos partes: 1. Encontrar una voz propia y 2: Inspirar a los demás a que encuentren su voz.

Stephen R. Covey en su libroEl 8º Hábito. De la efectividad a la grandeza

Así que luego de todo el camino recorrido para encontrar mi voz,aquí estoy. Yo soy Sarah y acompaño a las mujeres a encontrar su voz para que puedan vivir plenamente.

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1 comment
Cuando el éxito deja un sabor amargo - Sarah De Riseis says septiembre 3, 2019

[…] Cómo evitar sentirme perdida […]

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